Garza

Garza ejerce la abogacía. 
Montó su oficina en un bar llamado “La moradita”. 
Cita a su clientela al bar. 
Ofrece charlas de consulta memorables. 
Es elocuente. Utiliza gestos. Trata asuntos legales y arreglos. 
Con sus zapatos lustrados pisa cáscaras de maníes. 
Remarca las palabras de su escrito. 
Almuerza el plato del día y el vino de la casa. A veces, hay un perro dando vueltas. 
Tiene un sistema para rascarse la espalda con la lapicera. 
Pasa el tiempo y el bar cambia de firma. Ahora es luminoso y minimalista. No tiene el menú casero. Garza, en el bar, se relaciona con su asistente artificial. Acerca mucho su cara a la máquina para comunicarse. Le cuenta casos jurídicos. Le hace preguntas constantes. 
Un día, la máquina le pregunta a Garza: ¿por qué me reprogramas? 
Piensa. 
Hoy, Garza, ganó un gran juicio. Defendió a alguien de su asistente artificial.

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