Veloriera


 Veloriera es muy creyente. Reza. 
Un día, lee la noticia de una muerte que se anuncia en las cruces del diario. 
Dice: ¡¿viste quién se murió?! ¡voy a ir al velorio! 
Asiste con vestimenta negra. 
Cuenta anécdotas sociales.
 Le convidan sándwich y café. Se seca una lágrima en el borde de su ojo. A veces se equivoca, y se seca con el sándwich, creyendo que es el pañuelo. 
De repente, la persona velada ¡golpea su propio cajón! ¡pam! ¡pam! Resucita en su velorio. Grita: ¡no me morí todavía! 
Veloriera exclama: ¡milagro! Se santigua ante lo que ve. Toma su cruz.
 La persona moribunda grita: ¡que explique Veloriera!, y volvió a desfallecer. 
Transcurre un silencio. 
Entonces, Veloriera da respuestas. 
Comenta ante la gente: “El valor de la vida, la dependencia emocional, la pérdida y el duelo. Aceptar el dolor de las pérdidas. Tránsitos que hay que pasar. Elaboraciones.” 
Relata que hoy “cada persona, elige y decide. 
Hay concepciones diferentes de la vida y de la muerte. Cada sala velatoria realiza distintas ceremonias.” También explica “las posibilidades de sobrevida post mortem.”
 Veloriera exclama: ¡voy a disfrutar del día de hoy! ¡el presente! 
Se retira del velorio, saludando con el sándwich como pañuelo. 
Dice: ¡adiós!

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